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Respuestas a Preguntas

¿Nos podemos fiar de la Biblia?

Parece difícil creer en la Biblia en el siglo 21.  Las porciones más “modernas” de ella fueron escritas hace 2000 años.  Debido a diferencias culturales y sociales nos podemos sentir alejados del mundo antiguo en el que fue escrita.  Además, la Biblia habla de acontecimientos extraordinarios (milagros) que no vemos repetidos en nuestra experiencia y, por consiguiente, su relato nos parece improbable.  ¿Es posible fiarnos de la Biblia hoy en día?

En primer lugar, es necesario decir que la Biblia, por ser antigua, no necesariamente está equivocada.  Es un error pensar que lo novedoso siempre es mejor o más acertado.  El hecho de haber sido escrita hace mucho tiempo no significa necesariamente que la Biblia sea inferior a escritos más modernos.  También es necesario decir que no se debe rechazar la Biblia de entrada por diferencias culturales que percibimos.  ¿Podemos decir que hemos llegado ya al punto más alto posible de desarrollo cultural y por consiguiente tenemos el derecho de juzgar las demás culturas?  Lo más seguro es que generaciones siguientes se reirán de algunos de nuestras presuposiciones culturales, y nosotros mismos a veces reconocemos que nuestros antepasados tenían más razón que nosotros.  En cuanto a los milagros, es cierto que no se pueden comprobar científicamente (porque no podemos reproducirlos en un laboratorio), pero tampoco se puede decir con seguridad que no ocurrieron.  Es imposible volver atrás en el tiempo para observar si tal o cual milagro ocurrió o no.  Así que, no debemos rechazar la Biblia ni por distancia cronológica, ni prejuicios culturales, ni por aparentes conflictos con la ciencia moderna.

En segundo lugar, hay varios testimonios que abogan a favor de la fiabilidad de la Biblia.  Por ejemplo, hay muchas fuentes históricas extra-bíblicas que concuerdan con el registro histórico de la Biblia.  De manera similar, hay cantidad de datos arqueológicos que lo comprueban.  E incluso la misma existencia de la iglesia cristiana testifica acerca de la veracidad de la historia bíblica: si no fuera verdad que Jesús había resucitado, ¿cómo se explica el rápido crecimiento de la iglesia en un ámbito hostil como lo fue Jerusalén, cuando se podía ir a la tumba de Jesús para ver si todavía estaba en ella o no?  Si la tumba no hubiese estado vacía, pocos habrían creído en él, y todavía menos habrían estado dispuestos a dar su vida por él.  Estas realidades apuntan a la fiabilidad de la Biblia.   

Y en tercer lugar, la Biblia lleva evidencia de su fiabilidad en sí misma.  Este es el motivo principal para creer en ella.  Por un lado, el lector se da cuenta de la unidad de la Biblia; a pesar de ser escrita gradualmente durante un periodo de 1500 años y por más de 40 autores de diferentes tiempos y trasfondos, existe una unidad evidente en cuanto a su mensaje acerca de la persona de Jesús (Lc 24:27 y 44).  Por otro lado, la Biblia dice de sí misma que es la Palabra de Dios y por lo tanto verdadera en su totalidad (2 Tim 3:16).  Pero lo más fundamental es su intrínseco carácter divino.  El lector escucha la voz de su Creador en ella y la reconoce (Jn 10:4-5).  En último término, nuestra confianza en la Biblia se basa en esto: en percibir por nosotros mismos que la Biblia es Dios hablando al ser humano.

Muchos rechazan la Biblia sin haberla leído seriamente.  Te animamos a leerla y pedir a Dios que te hable por medio de ella.

¿Por qué murió Jesús?

Casi todo el mundo reconoce que la muerte de Jesús en la cruz es un hecho histórico.  Pero cuando se trata de explicar la razón por la cual murió, hay una variedad de opiniones.  Algunos han dicho que su muerte fue un accidente y el gran fracaso de su misión.  Otros dicen que Jesús murió para dar un ejemplo de entrega total a Dios, mostrando cómo debemos vivir.  Otros dicen que murió para mostrar el amor que Dios tiene para el mundo y así volver el corazón humano a él.

Pero las personas que siguieron más de cerca a Jesús dijeron otra cosa acerca de la razón por la cual murió.  Lejos de ser un fracasado en su muerte, los autores de los Evangelios nos hacen saber que Jesús entendía que su misión se cumpliría solamente si muriera, y por eso él predecía su muerte y se sujetó a ella voluntariamente (Mr 8:31; 10:45).  Sin duda su muerte fue un ejemplo de entrega (Fil 2:5-11), y demostraba cuánto Dios ama al mundo (Jn 3:16; Ro 5:8); no obstante, la razón principal por la cual Jesús murió—según Jesús mismo y los autores del Nuevo Testamento—fue para obtener el perdón de nuestros pecados  (Mt 26:28; Jn 1:29; 1 P 3:18). 

¿Cómo obtiene el perdón de pecados la muerte de Jesús?  Jesús murió como sustituto por los que creen en él, sufriendo lo que nosotros merecemos por nuestros pecados (Ro 6:23; 1 P 2:24).  Podemos decir que Jesús fue tratado en la cruz como nosotros merecemos ser tratados: allí muere condenado.  Por consiguiente, Dios nos puede tratar como Jesús merece ser tratado: Dios nos acepta y nos ama por completo (2 Co 5:19-21).

En definitiva, Jesús murió voluntariamente—no para ayudarnos a ser mejores y de alguna manera merecer el favor de Dios, sino para solucionar el problema de nuestro pecado definitivamente, quitándolo de nosotros y pagando el precio correspondiente por ello.  Gracias a su muerte podemos ser aceptados para siempre con Dios, si confiamos en él (Ro 3:25-26).

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